No encontrarás la palabra lavanda en la Biblia en ninguna traducción estándar. La Biblia nunca usa el nombre moderno de esta planta. Pero una hierba emparentada llamada nardo aparece tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Esta conexión es probablemente lo que buscas cuando investigas sobre la lavanda en las escrituras. La historia es más interesante que un simple sí o no.
Pasé un par de semanas investigando nombres antiguos de plantas para aclarar esto. La pista me llevó a la palabra latina lavare, que significa "lavar". Muchos estudiosos creen que esta raíz dio a la lavanda su nombre moderno. Los romanos usaban la planta para perfumar sus baños y el agua de lavado. Ese vínculo con el lavado está muy relacionado con los rituales de purificación que se leen a lo largo de toda la Biblia. En mi experiencia, profundizar en el origen de las palabras ayuda a ver la conexión real.
La confusión entre lavanda y nardo en la Biblia surge porque ambas plantas tienen un aroma cálido y herbal. Pero no son la misma planta en absoluto. El nardo crece en las montañas del sur de Asia. Puede que veas su nombre en latín escrito como Nardostachys jatamansi. Pertenece a la familia de la valeriana. La lavanda verdadera pertenece a la familia de la menta. Comparten un aroma similar pero proceden de grupos de plantas muy diferentes. Si hueles las dos juntas, notarás el parecido enseguida.
El Cantar de los Cantares 1:12 y 4:13-14 mencionan el nardo entre las fragancias más selectas del mundo antiguo. El autor lo sitúa junto al azafrán y otras especias costosas. En Juan 12:3, María de Betania derrama aceite de nardo puro sobre los pies de Jesús. El texto dice que ese aceite valía aproximadamente el salario de un año de un trabajador. Ese detalle muestra lo raros y costosos que eran estos aceites vegetales en aquella época. Puedes leer esos pasajes tú mismo para hacerte una idea completa de cuánto valoraba el mundo antiguo estos aromas. El cuidado y el coste que dedicaban a los aceites aromáticos te dice cuánto significaban las plantas fragantes en su vida diaria y su adoración.
La historia bíblica de la lavanda en sentido amplio muestra cómo la gente usaba plantas aromáticas en su vida cotidiana. Existen registros de egipcios, griegos y romanos quemando hierbas durante el culto. Elaboraban aceites perfumados para ungir a sus líderes y sacerdotes. La Biblia habla de estas mismas prácticas con plantas como el incienso y la mirra. La lavanda crecía silvestre por todo el sur de Europa en esa época. La gente la usaba para la limpieza y como fragancia, pero los autores de la Biblia eligieron otras plantas para sus textos. Si hubieras vivido en aquella época, habrías conocido la lavanda como una hierba doméstica común más que como una planta sagrada.
Puede que veas algunos sitios web afirmando que la lavanda aparece en la Biblia. Esto surge de una lectura superficial más que de un estudio cuidadoso. Las traducciones antiguas usaban las palabras nardo y espicanardo para la misma planta. Hoy en día, algunas personas intercambian nardo por lavanda porque las dos huelen parecido. Pero si lees el hebreo y el griego originales, no encontrarás ninguna mención de la planta de lavanda que cultivas en tu jardín hoy. La confusión viene de lo parecido que huelen estas plantas aromáticas.
La lavanda en sí no aparece en las escrituras por su nombre. Pero los temas de lavado, purificación y unción que llenan la Biblia coinciden con el uso que se le daba a la lavanda en la vida diaria de aquella época. Cultivar lavanda en tu jardín te conecta con esas mismas formas de vida antiguas. La planta puede no estar en el texto, pero su espíritu recorre el mundo que la Biblia describe. Frota una ramita de tu jardín entre los dedos. Estás sosteniendo el mismo tipo de hierba que la gente del mundo bíblico usaba a diario.
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