¿Cómo se ve un ficus con exceso de riego?

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Julia Anderson
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Martin Thorne
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Un Ficus con exceso de riego te muestra tres señales de alerta claras de que algo va mal. Verás hojas amarillas y caídas, manchas blandas y blandengues en los tallos, y un sustrato que huele agrio y podrido. Cuando notes estas señales, necesitas actuar de inmediato porque tu planta puede morir en semanas sin ayuda.

Los síntomas de exceso de agua en el Ficus se desarrollan en un orden específico que deberías vigilar. Primero, las hojas inferiores se vuelven amarillas y se caen de las ramas. Luego aparecen manchas marrones y blandas en las hojas restantes. En las etapas avanzadas, la base del tallo se ablanda y se vuelve blandengue al tacto. Cuando el sustrato huele mal, la pudrición de raíces ya ha causado daños graves bajo tierra.

El exceso de agua daña tu Ficus porque el sustrato empapado expulsa todo el oxígeno. Tus raíces no pueden respirar sin bolsas de aire en el sustrato que las rodea. En este ambiente con poco oxígeno, las bacterias dañinas se multiplican rápido y devoran el tejido de las raíces. Las raíces sanas son blancas y firmes al tacto. Las raíces podridas se vuelven marrones, se sienten blandengues y se deshacen entre los dedos.

Una vez salvé un Ficus gravemente encharcado que ya había perdido la mayoría de sus hojas inferiores. Cuando saqué la planta de la maceta, más de dos tercios de las raíces estaban marrones y blandas. El olor era terrible y putrefacto. Corté todas las raíces enfermas con tijeras limpias y coloqué mi Ficus en sustrato fresco y seco. La recuperación llevó tiempo, pero mi paciencia dio sus frutos al final.

Para detectar la pudrición de raíces en tu Ficus necesitas sacar la planta de la maceta y examinar las raíces tú mismo. Inclina la maceta de lado y desliza el cepellón hacia fuera. Las raíces sanas huelen a tierra fresca y se sienten elásticas. Las raíces enfermas apestan y se sienten viscosas al tocarlas. Cuanto antes detectes el problema, mayores serán tus posibilidades de salvar tu Ficus.

Deja de regar ahora mismo

  • Primer paso: No añadas más agua a la maceta y deja que el sustrato empiece a secarse por sí solo.
  • Vacía el platillo: Retira toda el agua estancada de debajo de la maceta y colócala sobre papel absorbente seco.
  • Tiempo de espera: Dale a tu sustrato al menos una semana completa antes de volver a comprobar el nivel de humedad.

Saca la planta de la maceta

  • Con cuidado: Levanta el cepellón de la maceta y sacude el sustrato húmedo de alrededor de las raíces.
  • Revisa cada raíz: Las raíces blancas y firmes están sanas; las marrones y blandas están podridas y hay que eliminarlas.
  • Conoce tus posibilidades: Si más del 75% de las raíces se han podrido, salvar tu planta será muy difícil.

Corta todas las raíces podridas

  • Tus herramientas: Usa tijeras afiladas o un cuchillo que limpies con alcohol antes de cada corte.
  • Corta lo suficiente: Elimina todo el tejido radicular marrón y blando hasta que veas carne blanca y sana en tu planta.
  • Mejor pasarse que quedarse corto: Corta un poco más de lo que crees necesario, ya que la pudrición se propaga rápido por las raíces restantes.

Trasplanta en sustrato fresco y seco

  • Maceta limpia: Usa una maceta recién lavada con buenos agujeros de drenaje en el fondo para tu planta trasplantada.
  • Mejor mezcla: Sustrato universal mezclado con un 30% de perlita da a tus raíces el drenaje que necesitan para recuperarse.
  • Rellena sin apretar: Coloca el sustrato suelto y aireado alrededor de las raíces para que el oxígeno llegue desde todos los lados.

Riega muy poco durante cuatro semanas

  • Ve despacio: Dale a tu Ficus solo pequeños sorbos de agua durante las primeras cuatro semanas mientras las raíces cortadas cicatrizan.
  • Sin fertilizante: No abones durante al menos seis semanas después del trasplante para no quemar las raíces débiles.
  • Ten paciencia: Los nuevos brotes aparecen entre cuatro y seis semanas después, una vez que las raíces sanas empiezan a funcionar de nuevo.

Mi Ficus rescatado tardó unas ocho semanas antes de que aparecieran los primeros brotes nuevos en las ramas desnudas. Después de cuatro meses, la copa parecía casi llena de nuevo con hojas verdes y sanas. La clave fue tener paciencia después del trasplante y no caer de nuevo en el hábito de regar demasiado y con demasiada frecuencia.

Prevenir siempre es mejor que rescatar cuando se trata de tu Ficus. Riega solo cuando los dos primeros centímetros de sustrato estén secos al tacto. Usa siempre macetas con agujeros de drenaje y vacía el platillo después de 30 minutos. Sigue esta sencilla rutina y el exceso de riego nunca volverá a amenazar tu planta.

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